Thursday, 19 February 2009

Jacqueline Fowks, en su 'Notas Desde Lenovo´ Coloca el Tema de la Impunidad en El Conflicto Sobre La Mesa

Clique aquí para accesar al blog Notas Desde Lenovo, de la periodista peruana Jacqueline Fowks. Ella, quien hace unos años escribió un libro sobre política y medios en el Perú (''Suma y resta de la realidad: Medios de comunicación y elecciones generales 2000 en el Perú´´) y ha trabajado en ONGs, sabe claramente de lo que está hablando aqui en este artículo sobre hipocresías y temores nacionales, sobre la impunidad.

Clique aquí para leer el muy interesante posting escrito por Fowks. Una cineasta peruana gana un premio en un festival. Aplausos, regocijo nacional, orgullo, baten todos la bandera, el presidente la felicita por la radio. La cineasta ganó tal premio por un filme acerca de la violencia que azotó a Perú (y a la mayoría de nuestros países, sea dicho) por décadas. El filme explora ''una parte secreta de la historia de su país, en la que, entre 1980 y 2000, grupos terroristas cometieron hasta 70 mil asesinatos, además de secuestros y violaciones sistemáticas a mujeres,´´ de acuerdo a un clip de prensa que Jacqueline reseñó en su posting.

La cuestión fundamental que Fowks plantea es la siguiente: ''Quizá en los próximos días algún funcionario o el mismo presidente declaren a favor de la promoción del cine nacional, pero difícilmente se referirán a la deuda del Estado con quienes no protegió (o peor, atacó) durante los años del conflicto armado interno (1980-2000).´´ Siento que esta no es sólo una historia del Perú, sino de Colombia, de la Argentina, de Chile ... es una sombra que arrastramos con nosotros. La contribución de Jacqueline aquí es importante, porque nos hace pensar que aquella tragedia local de la se intenta hablar poco, era regional y lago peor que un secreto a voces en algún punto. Que no pertenece al pasado. Que no se ha olvidado. Y que no se ve disposición ni por parte de los estamentos oficiales ni de la sociedad civil a reconocer a sus muertos, a mirarlos a la cara y a darles una digna sepultura. No hay intención nuestra de dar un sincero saludo de condolencias a las familias de esas víctimas, muchas de ellas anónimas, esos N.N., como se les llama en mi país. No hay intención de compensarlas.

En Colombia, ese problema es crónico. Mientras persista entre nosotros una simpatía tácita a la labor de los paramilitares, mientras continuemos negando que las desapariciones y la violencia contra las minorías es un problema tan grave como la existencia de la guerrilla o la mala redistribución del ingreso, mientras nos rehusemos a poner en la agenda nacional una política de reparo a nuestras víctimas, mientras que rehusemos perdonar, mientras la ley siga siendo condescendiente con los asesinos, mientras nuestros gobernantes sigan inflamándonos con más odio, seguirán nuestros muertos sin descansar en paz. Y Colombia seguirá siendo un cementerio.

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