Tuesday, 10 March 2009

Columna en el Diario Perfil (Argentina)

Esta columna fue publicada el sábado pasado, 28 de febrero, en el diario Perfil, de la ciudad de Buenos Aires.

NACIONALIZACION BANCARIA
No Juguemos con Fuego

Guillermo Parra-Bernal

La actual crisis financiera ha desatado un debate alrededor de la conveniencia de permitir que el Estado regule de forma más efectiva y cerrada los sistemas financieros mundiales. Ideas desde la creación de una entidad reguladora de bancos a nivel mundial a las nacionalizaciones bancarias en masa se discuten día tras día. Mientras que la crisis aflige a los países desarrollados –cuatro de las cinco economías más poderosas del mundo están en recesión–, y sus efectos comienzan a sentirse cada vez con más intensidad en nuestros países, sería importante reflexionar: ¿qué es lo que esta crisis traerá como enseñanzas para América Latina, que por décadas sufrió más frecuentemente que ninguna otra región en el mundo el colapso de sus sistemas financieros?

Ahora, pareciera que nuestra banca está protegida del chaparrón internacional gracias a nuestro acertado manejo de las crisis pasadas. La regulación bancaria por años se especializó en países como México, Brasil, Colombia o Perú en reducir la excesiva dependencia de la banca doméstica por el crédito en dólares, profundizar la bancarización y capitalizar a las instituciones para mantener sus niveles de solvencia arriba de los estándares internacionales. De una forma conseguimos el objetivo: llegamos a una crisis en la cual más de dos docenas de bancos han sido nacionalizados en varios países ricos, donde más de un billón de dólares se
han perdido en salvar esas instituciones y en impedir que la crisis se profundice, y no hay una señal de que el sistema financiero latinoamericano esté en problemas.

La idea de crear un banco malo en los Estados Unidos para separar los activos bancarios sólidos de los tóxicos ya se ejecutó en México y en Colombia a mediados y fines de los años noventas, con bastante éxito. Los brasileños tienen uno de los sistemas financieros más rentables y mejor capitalizados del mundo entero. Pero, ojo, no cantemos victoria. Estamos lejos de sentirnos seguros, porque existen problemas en la regulación de nuestros mercados de capitales locales que exigen mucha atención y prontitud en su manejo. El rápido desarrollo del mercado bancario y de capitales latinoamericano durante los últimos cinco años no estuvo exento de lunares. Hubo gravísimos escándalos financieros como el de las pirámides en Colombia; o el de las exageradas posiciones en derivados financieros de grandes empresas en México y Brasil el año pasado. Qué pasó? Claramente, la acción vigilante del Estado no fue la más eficiente. Pero más grave aún es la falta de compromiso por parte de los gremios bancarios y financieros por implementar códigos de auto regulación claros y convincentes.


Si lo analizamos bien, lo que pasó en los EE.UU. con las hipotecas de alto riesgo y la fuerte especulación bancaria se hubiera evitado si la auto regulación hubiera sido más efectiva. Los conflictos de interés eran obvios y graves. Nuestros gobiernos, que ven en esta crisis una oportunidad para hacerse a mayor control de la cuestión económica en sus países, se resisten a ver la auto regulación como una forma efectiva de controlar el sector financiero sin intervenirlo. Por eso, sería ideal que los fondos de capital privado, los fondos de cobertura, los bancos de inversión y otras instituciones especializadas se agruparan y le ofrecieran a la sociedad un código de buen comportamiento. En nuestros países, donde la transparencia y la probidad son bienes escasos, esos esfuerzos serían valorados enormemente.


Digo esto porque la ola de estatismo que estamos viviendo puede llevar al traste años de desarrollo y profundización financiera. Veo con preocupación que se use la crisis en nuestra región como una herramienta de obtención de réditos políticos. En Brasil, el presidente “Lula” recientemente firmó un decreto que le permite a los bancos estatales adquirir rivales privados sin necesidad de seguir los protocolos típicos del sector en el caso de una adquisición. La agenda política, en este caso, se impone a la agenda de desarrollo del país. En la Argentina la presidenta Fernández acabó con los fondos de pensión privados alegando la necesidad de canalizar ese ahorro hacia inversión. Los americanos, que se vieron obligados a intervenir varios de sus bancos, saben del riesgo que una medida como una nacionalización conlleva en el largo plazo.


No juguemos con fuego.

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